Una canción de Sabina. Zapatillas de Ballet. Música que me haga bailar. Chocolate con leche extrafino. Tulipanes amarillos. Algo que escribir. Un sueño. Más allá del arco iris y a través del camino de baldosas amarillas. One day I'll flay away...
Donde habita el olvido.
Esta canción de los 80's la conocí siendo yo pequeña pero no la escuché ni en la radio, ni en una película, ni en la televisión ni en una cinta en el coche de mi padre. La escuché durante un año aproximadamente casi todos los fines de semana. ¿Cómo? Por aquella época yo me dedicaba junto con más niños y niñas a bailar encima de escenarios compitiendo con otros grupos haciendo coreografías en play-back. ¿Cutre? Tal vez pero aunque no os lo creáis estaba todo muy currado: los vestuarios, los maquillajes, las coreos, la interpretación... nos pasábamos las semanas ensayando en el casal después del cole y los deberes... pues por la noche o en los descansos de los ensayos. Nuestros padres estaban encantados. Por un lado, tranquilos porque en lugar de llevarnos a caras clases extraescolares, nos tenían de forma casi gratuita controlados y encerrados haciendo ejercicio y desarrollando nuestras habilidades más artísticas. Por otro, orgullosos y con las babas por los suelos, viéndonos encima de escenarios tanto niñas como niños, haciendo equipo y luchando por el primer premio.
Por desgracia, ese año tuvimos una gran competencia y nuestra sequía de trofeos se debió a esta canción. A la canción y a su guapísimo protagonista (un niño llamado David que nos volvía locas a todas). Además, todo cambió tras este año pero yo creo que a bien. Cada vez los bailes eran más bonitos y más originales. Se "contrataban" a coreógrafos semiprofesionales que tras un viaje por Londres, venía con las ideas más novedosas para nuestro grupo. Y así hasta que algunas niñas dejamos de serlo (o eso nos pensamos) y a los niños les apareció una sombra sobre el labio, que repercutía en la calidad de los maquillajes... Y yo seguí bailando a otros niveles que ahora no vienen a cuento, pero que tal vez algún día, si me siento con fuerzas, os explicaré.
En fín, que aquí os dejo este hit que hace poco volví a escuchar tras más de 10 años.
Desde hace un tiempo que tengo una cuenta en Twitter, un microbloging que muchos ya conoceréis y que te permite contar historias o mejor dicho, pequeñas historias, ya que tiene un límite de 140 caracteres. En twitter la gente no sólo te lee si no que tienes followers (seguidores) y following (a quién tu sigues) y tu éxito e importancia se mide por la distancia que hay entre unos y otros. Por otro lado, al igual que en la blogosfera, hay unos gurús superfamosos y superinfluyentes a los que hay que seguir si o sí si quieres molar y estar enterado de todo lo que ocurre en el 2.0. Por ejemplo y según @plastidecor serían @guiye, @luisrull, @perdro10 o @edans (el más superguay de todos los twiteros del universo al cual yo no sigo por pesao). Un auténtico faranduelo vaya al más estilo creativo publicitario. A otro nivel estamos los piltrafillas como yo que no superamos ni los 100 seguidores pero que tampoco nos importa demasiado, como tampoco nos improta demasiado el número de visitas que tenga nuestro blog ni el google page rank, ya que lo único que queremos es vomitar nuestras entrañas emocionales en un muro digital y no, o al menos por ahora, ganarnos la vida con ello. Lo importante es seguir a quién realmente te interese en función de tus gustos: música, cocina, marketing, cine, etc. Lo importante es buscarlos y al final, se encuentran y si no, es que no es suficientemente importante (pillad el tono irónico). En twitter también puedes etiquetar plabras (#palabra) y a las personas (@nombre) y puedes poner fotos con Twitpic
y acortar Urls con Tinyurl.com
Pues eso, que si alguien de los que anda por Donde Habita el Olvido le apetece tener un twitter que busque @marimosa y ahí estaré yo para servirle. De ahí, ese gracioso pajarraco que véis a la derecha obra de Jax o también conocido como @madeinjax.
Además de ser un importante cuadro de El Bosco, el Jardín de las Delicias representa igual que lo hizo el pintor, el paraío. El edén, ese lugar perfecto donde habitaron un hombre y una mujer en perfecta armonía. El lugar más bello y rico de la tierra. Alejándonos de leyendas y cuentos bíblicos, cada uno tenemos nuestro propio jardín de las delicias. Algunas veces es físico y otras es interior. Algunas veces el edén lo encontramos en otra persona y otras veces es un tiempo que ya pasó. Creo que a lo largo de nuestra vida nuestro paraíso puede cambiar o soñar, dependiendo del momento en el que nos encontremos, con uno distinto cada vez. Pero siempre es ese "lugar" en el que te sientes bien o mejor aún; al que siempre quieres volver y en el que las lágrimas no tienen cabida.
Mi Jardín de las delicias tiene margaritas blancas y tulipanes amarillos. Huele a limón y hierbabuena y siempre se escucha de fondo los acordes de una guitarra.
Abro mi facebook esta tarde y recibo una grata sorpresa. Mi buen amigo Crispín me envía un mensaje y me dice si me apunto al próximo concierto de Quique González, donde presentará su nuevo disco. ¿Cómo? Que Quique estrena disco y yo sin enterarme? Pues sí y claro, rápido y corriendo me dirijo a Al caer el Sol para confirmarlo. Y así es, el 27 de octubre el madrileño lanza su nuevo trabajo titulado "Daiquiri Blues". A pesar de lo mucho que me gusta Quique, su último disco no me convenció pero reconozco que me moría de ganas de escuchar su primera canción que ha estrenado hoy en su web, quiquegonzalez.com, La luna debajo del brazo. Será por la guitarra, será porque no ha hecho cosas raras, será porque me recuerda a Kamikazes... no se porqué, pero me ha gustado... Tendré que contrastar con los expertos a ver qué piensan. Para los interesados estará en Madrid el 19 de diciembre en la Riviera y en Barcelona el 18 en la Razzmatazz 2.
O para que muchos lo entendáis, es ese día en que decides ponerlo todo patas arriba y pasarte el día limpiando, ordenando y finalmente tirar todo aquello que ya no sirve o para lo cual no hay sitio. En lenguaje militar, se llama hacer zafarrancho (mi madre de hecho lo llamaba así) y he leido por ahí que en algunos lugares lo llaman "orden cerrado" pero no he llegado a saber porqué. Yo he llegado a la conclusión que se debería llamar "joervayamaneradepasarundíadefiesta" pero bueno, hay cosas que no se pueden dejar más para mañana. Porque posiblemente ese "mañana" en lugar de armario tenga una gitana vendiendo mis montones de ropa dentro de él, en lugar de cocina tenga un almacén de grasa para hacer gomina y en lugar de salón tenga eso que queda cuando la parte de abajo de tu sofá se ha tragado (litarlmente, mi sofá se traga las cosas) el resto.
Hay muchas maneras de tomarse o de sobreveivir a este día. Por un lado están los que deciden resignarse y pensar que ya que no hay más remedio que hacerlo, pongamos música, tomemos cerveza y fumemos (algo que yo no soporto, fumar mientras se limpia). Hay otros en cambio que al no ser de su agrado tener que hacerlo (como a la mayoría) prefieren ser operativos y hacerlo bien, lo más rápido posible y entretenerse en cosas nimias el menor tiempo posible (eso no quita que se pueda escuchar música a la vez)para acabar pronto y poder hacer cosas más agradables para un día festivo como pasear, tomar el sol o ir al cine. También están los que empiezan muy fuertes y sacan todos los cajones, cajas y cajitas, desmontando todo lo desmontable con el ímpetu que se tiene al principio pero que tras tener todo del revés, el agovio les puede y lo dejan todo tal y como estaba. O peor aún, lo dejan ahí para otro mañana o tal vez con la esperanza que se arregle solo. Por último están aquello sque hacen una fiesta de esto y además de hacerlo bien y rápido, lo hacen con buen humor, con música y cervezas y descansando de vez en cuando con un cigarro para observar lo bien que está quedando todo.
Es una sensación auténtica la que se siente al finalizar todo este ritual para poner en orden el hogar, cuando en la puerta de casa tienes un montón de cajas y bolsas de basura y de cosas que ya no son necesarias. Es un acto que va más allá de la limpieza y el orden de la casa. Es también hacer reflexión de aquello que realmente queremos o no, de lo que ya forma parte del pasado pero ya no te lleva a él, de darnos cuenta de lo mucho que apreciamos objetos que en realidad no utilizamos y del apego emocional que nos ata a tabtas y tantas cosas que en realidad están escondidas en un rinón lleno de polvo pero que trás este día, vuelve ahí porque eres incapaz de deshacerte. Es un día de renovación externa e interna y de limpieza física y emocional. Y, para qué nos vamos a engañar y ser tan trascendentales, nos encanta vernos reflejados en el suelo y ver el wc tan limpio que podríamos comer en él.